LA HISTORIA QUE PUDO SER (Cuentos breves)


"Cuentos breves
sobre momentos de
la Historia que
pudieron ser
y que fueron"
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Juan Fran Núñez Parreño
Ediciones QVE, Albacete, 2008
78 páginas, 13 x 21 cm
PVP: 8
Gastos de envío en España: 3 €
Pago por transferencia bancaria


SELECCIÓN DE CUENTOS DEL LIBRO
“LA HISTORIA QUE PUDO SER”


El carnicero
– El oficio de carnicero no es un oficio cualquiera, llevo en él muchos años, y a pesar de que parece algo salvaje y desagradable, es todo un arte, lo conozco a la perfección porque en mi vida no he hecho otra cosa. Los utensilios que uso, aunque rudimentarios y fríos, son perfectos para su tarea: matar y desmembrar. Son herramientas con las que tengo una especial relación, son mis amigas, mis compañeras, mis amantes, nunca me son infieles, sólo están conmigo, sólo trabajan para mí, son sólo mías y de nadie más. Disfruto con ellas cuando quito la vida al animal, cuando le vacío toda la sangre, cuando corto la piel, cuando lo descuartizo, cuando separo las vísceras, cuando separo los huesos de la carne… es un placer indescriptible que no puedo comparar con nada, para mí realizar este trabajo es más excitante que estar con una mujer. He matado y despiezado a toda clase de animales, de todos los tamaños, tanto domésticos como salvajes, sólo hay uno al que aún no he tenido el gusto de enfrentarme: a uno de mis semejantes, aunque supongo que su carne y huesos serán similares a los demás.
– ¡Oh no, por favor no! Ya está aquí la pesada que viene cada día a darme la tabarra, es que no la aguanto, me pone enfermo, siempre me hace remover todas las piezas de todas las clases de carnes hasta que encuentra la que satisface sus desesperantes gustos y manías, incluso a veces, muchas veces, después de hacerme la faena, se va sin comprar nada, y es que encima me espanta a toda la clientela, esta mujer va a ser mi ruina. Seguro que hay cientos o quizá miles de carnicerías en todo Londres, y tiene que venir a la mía, esto es una maldición. El día menos pensado la destripo, lo juro como que me llamo Jack.
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¡Habemus Papam!
Después de ser anunciada desde el balcón central de la Basílica de San Pedro en el Vaticano la elección de un nuevo Papa y ser presentado a la gente, éste dice su primer discurso al mundo después del cónclave y hace su primera bendición “Urbi et Orbi”. Seguidamente, es acompañado a la sala donde se guarda el gran secreto de la Iglesia y su razón de ser. Sólo el nuevo Papa puede entrar en ella, él mismo abre la puerta con la única llave que existe y que se le entregó junto con el anillo papal. En el centro de la habitación, sobre una pequeña mesa de madera, hay un cofre que el Pontífice abre con esmerado tacto, dentro está el documento que contiene la fórmula con la demostración matemática de que Dios no existe, junto con una frase en latín que advierte que la publicación o destrucción de dicho manuscrito conllevará la desaparición de la especie humana. Evidentemente, nadie se ha atrevido a comprobar esa advertencia. A continuación, el Pontífice se dirige a su alcoba donde le espera la figura de su Dios, Dueño y Señor, y a quien se entregará en cuerpo y alma. Al entrar, Él le dice que se desnude y que vaya a la cama donde la espera para hacer el amor con ella toda la noche, fundiéndose en un solo Ser: Satanás y su nueva esposa, el Papa.
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Regalo de cumpleaños
Había estado toda la noche sin poder dormir. Por la mañana cumplía dieciséis años y al fin iba a conocer a la persona que más admiraba. Ése sería el mejor regalo que podía imaginar.
Su madre, María, había hablado unos días antes con Vicenta, la madre de su admirado e ilustre personaje, y ésta le había dicho que ese día fuese por la mañana temprano a su casa, que podría conocer a su hijo y charlar unos minutos con él antes de irse de nuevo de viaje.
A las ocho de la mañana golpeó con la aldaba la puerta. La señora de la casa abrió y le invitó a pasar.
– Pasa chiquillo, mi hijo está en su habitación preparando su maleta, bajará enseguida, siéntate un momento.
– Sí señora.
Estaba muy nervioso, tanto que apenas si podía estar sentado.
Cuando lo vio entrar en la habitación y dirigirse hacia él, saltó de la silla y se le quedó mirando fijamente. El corazón le latía tan deprisa que casi se le sale del pecho. Era tanta la emoción que no sabía si podría hablar.
– Hola muchacho, ¿qué tal estás?
– Bien señor.
– ¿Cómo te llamas?
– Me llamo Juan.
– Me han dicho que hoy es tu cumpleaños y que te gusta mucho leer.
– Sí señor.
– Y también sé que te gustan mis libros, ¿verdad?
– Sí señor.
– Pues aquí te regalo uno, te lo voy a dedicar, espero que disfrutes leyéndolo.
Haciendo un esfuerzo para que no se le saltasen las lágrimas, recogió el libro con las manos temblando, y emocionado le dio las gracias.
– Muchas gracias señor.
– De nada muchacho. Siento no poder quedarme más tiempo contigo pero me marcho de viaje. El mes que viene estaré aquí de nuevo y tendré más tiempo, si quieres puedes venir y charlamos.
– Sí señor.
– Pues hasta la vista Juan.
– Adiós señor.
Ninguno de los dos lo sabía, pero esa sería la primera y única vez que se verían. Ese día cambiaría sus vidas para siempre.
Al salir a la calle, el joven abrió el libro para leer la dedicatoria:
Poeta en Nueva York
“Con cariño para Juan
Granada, 18 de julio de 1936
Federico García Lorca”

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Una nueva oportunidad
– ¡Eh, quietos ahí! – gritó el vigilante al ver que dos polizones intentaban subir al barco por una escala atada al lateral.
– ¡Oh vaya, nos han descubierto! Te dije que nos verían si subíamos por aquí y a estas horas a plena luz del día, será mejor que bajemos y lo dejemos para otro momento, por la noche será más fácil, si nos cogen y nos llevan a la policía estaremos una buena temporada a la sombra y será muy difícil volver a intentarlo porque estaremos fichados.
– Esta bien, bajemos rápido y huyamos antes de que nos pillen.
Los dos muchachos, de unos veinte años, habían estado planeando subir a ese barco varias semanas, no quedaban pasajes y aunque hubiese alguno no podrían pagarlo porque no tenían ni una maldita moneda, por tanto, la única forma era hacerlo así, de polizones. Que los descubrieran sólo significaba que probarían de nuevo por otro lugar y por la noche. Nada ni nadie les iba a quitar las ganas e ilusiones de meterse como fuese en algún navío del puerto, esa era la única forma que tendrían de salir de la miseria en la que vivían y cumplir el sueño de sus vidas, ir a la tierra de las oportunidades, ir a América.
– Esta noche de madrugada probaremos de nuevo por un lugar donde hay menos vigilancia, con suerte puede que en algún momento no haya nadie, así podremos subir sin problemas, e iremos rápidamente a las bodegas para escondernos allí hasta que zarpe el barco. Mañana por la mañana saldrá temprano, así que si no lo conseguimos tendremos que esperar varias semanas a que parta otro en el que podamos colarnos y permanecer en él sin ser vistos. Barcos así no hay muchos, por tanto tenemos que andar con mucho cuidado y aprovechar la oportunidad, ¿entiendes?
– Sí, entiendo perfectamente.
Pero su segundo intento de alcanzar el puente hacia sus sueños también fracasó, fueron sorprendidos justo cuando el barco comenzaba su viaje, y tuvieron que saltar al mar para no ser apresados. Al llegar a la orilla del puerto, sólo pudieron ver como el barco partía sin ellos rumbo al continente de sus esperanzas e ilusiones.
– Bueno compañero, tendremos que pasar al plan B, o sea, trabajar duro e intentar ahorrar el dinero suficiente para poder comprar nuestros pasajes, o para poder sobornar a alguno de los vigilantes para que nos ayude a subir a otro barco. Al menos aún estamos vivos y tendremos una nueva oportunidad de viajar dentro de unas semanas, no desesperemos.
– Llevas razón amigo, pero de haberlo conseguido hoy, ese barco habría cambiado nuestras miserables vidas para siempre, seguro.
Poco a poco, lentamente, el barco se distanciaba de la orilla, hasta que llegó un momento en que ya no se distinguía el nombre de esa magnífica máquina de surcar mares, y ya nadie alcanzaba a leer “Titanic”.

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